Windows 8, ¿una apuesta demasiado arriesgada?

Algo ha cambiado en Microsoft. Apple lanzó el iPhone en 2007 y rápidamente Google supo aprovechar el tirón para conseguir repartirse, entre ambos, el mercado de la telefonía móvil; sacando del juego a grandes como Nokia y RIM. Microsoft nunca había llegado a participar en serio en el mundo de la telefonía (por favor, Windows Mobile era un chiste), pero al ver que el mundo tiende cada día más hacia la movilidad, decidió ponerse las pilas, con todo lo que conlleva llegar el último: por un lado, tener que recortar en ventas a dos gigantes, y por otro lado, poder aprender de los errores que ambos cometieron.

Empezaron las grandes apuestas del gigante de Seattle y se alió con Nokia, lanzó Windows Phone 7, un sistema operativo más que aceptable; y preparó el terreno para su revolución en los dispositivos, liderada por Windows 8. Y aquí empiezan los problemas.

Windows 8 es una gran revolución: la apuesta por una interfaz fresca, moderna y completamente renovada; la integración sin fisuras con tablets y smartphones; e incluso, el lanzamiento de Surface, un dispositivo fabricado por el propio Microsoft para mermar las ventas del todopoderoso iPad y los dignos aspirantes Android. Sin embargo, parece que las ventas de Windows 8 están siendo muy decepcionantes y se encuentran muy por debajo de las expectativas.

Y es que, en realidad, Windows 8 es mucho menos de lo que presume ser: a pesar de ser estéticamente muy agradable, el intento de integrar una misma interfaz para dispositivos táctiles y ordenadores tradicionales ha conseguido que la interacción sea una auténtica odisea. Sus gestos nada intuitivos y su gestión de las aplicaciones a pantalla completa es un caos. Yo no me imagino a mis padres, por poner un ejemplo (aunque, en realidad, no veo a nadie…), volviendo a aprender a manejar un sistema operativo que llevan usando 15 años. Pero es que, además, la integración con tableta y smartphones no es, en absoluto, tan ideal como parece: aunque por fuera pudieran parecer lo mismo, por dentro no tiene nada que ver. No puedes instalar juegos y aplicaciones diseñadas para Windows 8 en un Surface RT, que no tiene todas las funciones del propio W8. Esa supuesta ventaja competitiva, en realidad no lo es. También Surface se lleva su parte de críticas: los analistas confirman que no es ni buen tablet, ni buen PC.

Microsoft ha pecado de tener poca visión de futuro (Steve Ballmer se mofaba del iPhone en su lanzamiento) pero, ¿podemos decir que Microsoft es una empresa poco innovadora? La respuesta es NO. Solo hace falta echar un vistazo a lo que se hace en Microsoft Research para darnos cuenta de que en Microsoft hay mucho talento e innovación; sin contar algunos dispositivos completamente revolucionarios, como Kinect. Sin embargo, el fracaso en el lanzamiento de multitud de productos de baja calidad, o la mala atención a sus usuarios y clientes (por ejemplo, jubilando Windows Phone 7 tras menos de dos años de vida, y condenando a los pocos que se aventuraron a comprar un Nokia Lumia, entre otros, a tener un teléfono obsoleto poco después de adquirirlo), ha conseguido crear cierto escepticismo en el consumidor, que ya no se fía de la innovación que surge en Microsoft.

¿Ha apostado demasiado Microsoft con Windows 8? Desde luego, ha apostado mucho, y solamente sabremos si ha sido demasiado en unos meses, cuando sepamos alguna cifra de la tasa de conversión a Windows 8. Es seguro que es una apuesta muy arriesgada que, en mi opinión, no está del todo bien ejecutada. Por ahora, al menos entre mis conocidos, no hay nadie que tenga pensado cambiar de Windows 7 a Windows 8 (y mucho menos desde Mac OS X) y ninguno que tenga en mente comprar una Surface (cuando alguno tiene planes de comprar un iPad o Nexus 10). ¿Creéis que Windows 8 puede ser un fracaso tan grande como Windows Vista? ¿Conocéis a alguien que tenga pensado comprarse una Surface?